| PRESENTACIÓN |
Siempre
que en las últimas décadas se ha abordado el tema de la unificación y desarrollo
del euskera, implícita o explícitamente ha sido obligada la referencia,
a la necesidad de su habilitación para el desempeño de todas y cada una
de las funciones que le son propias a todo idioma en una sociedad lingüísticamente
normalizada. Es innegable el notable esfuerzo realizado por las instituciones
públicas y privadas en este sentido y un índice de la importancia de los
pasos dados para consolidar y ampliar el ámbito de la cultura vasca, son
ese millar aproximado de títulos que se publican anualmente en nuestra lengua. Pero hecha esta constatación cabe decir, que todavía resulta arduo y a veces rayano en lo imposible, el desarrollo de una vida culturalmente relevante y satisfactoria en euskara para muchos vascos, debido a las carencias de infraestructura existentes para ello. Este estado de cosas se debe a que por una parte, nuestra producción cultural es muy escasa, y por otra parte parafraseando al trovador Jaufré Rubel, porque el euskara todavía no ha llegado a ser un cómodo "albergue de lo lejano" (auberge du lointain), es decir, nuestra lengua aún no ha acogido directa y sistemáticamente, las obras señeras del pensamiento universal que están en la base de nuestra cultura occidental. La sociedad vasca actual que se inserta en el espacio cultural occidental, recibe fundamentalmente la savia de las raíces grecolatinas y el posterior enriquecimiento filosófico y científico que ha tenido lugar a partir de ellas, a lo largo de los siglos hasta nuestros días. La cultura vasca que en la medida de sus modestas posibilidades también contribuye a ese acervo cultural, si no logra una relación fluida con este entorno, no sólo en su expresión castellana y francesa sino también euskérica, no podrá responder adecuadamente a sus retos de futuro y estará abocada a languidecer y desintegrarse como tal. |
|
|